Mientras doy un pequeño paseo para despejarme y quitarme el estrés, vi a una linda chica, que con su cabello, su rostro y su forma de caminar me invitaba a hablarle, corriendo hasta donde ella se encontraba, decidí abordarla .-¡hola amiga! ¿puedo acompañarte? Ella solo volteo y contesto enseguida .-¡No!. Hey no me daré por vencido, ¿por qué amiga? – por que no quiero- ¿por qué tan solita? –me gusta andar solita- oye preciosa y ¿tienes novio? –si- ¿y por que no te acompaña? – por que no me quiere- pues que idiota ah de ser él eh, realmente si yo te tuviera a ti de novia me gustaría acompañarte el mayor tiempo posible-
Entre mis intentos de conquistarla y sus negativas llegamos hasta donde ella tomaría su transporte y mientras tanto yo seguía con mi labor de convencimiento – oye amiga ¿qué harías si te robaran un beso? – depende de quien lo haga- entonces decidí arriésgame, para mi desgracia ella lo noto y se hizo hacia atrás, pero, contrario a la reacción que yo esperaba, no me golpeo ni nada así que acudí a una pregunta estúpida – amiga ¿vas a tomar este autobús? – No idiota solo me gusta estar aquí parada – ok creo que debí preguntar bien, -la cosa amiga mía es que yo también lo tomare aquí, por lo tanto talvez si te acompañe entonces ¿no crees?
Así paso un largo rato y por fin llego el autobús, pese a que yo en definitiva no debo tomar transporte alguno para llegar a mi casa, pues esta se sitúa en la siguiente esquina, me subí y pague a donde ella viajaba también, me senté a un lado de ella y la cuestione sobre su vida, ella respondía cada vez menos cortante y resurgió la pregunta ¿qué harías si te robaran un beso? – ya te dije – dijo ella – depende de quien – entonces con rapidez me acerque y la bese, ella respondió el beso y entre risas le dije ¿ves? Terminaste besándome, ella contesto que no, que yo la había besado, cuando le dije que ella lo contesto me dijo – no, si te lo hubiera contestado seria así – y me planto un beso que logro dejarme sin aliento.
Cuando logre reponerme de tan genial beso , le dije que viniera conmigo, obviamente me bateo, pero entre platica, chistes malos y risas termino por acceder, la lleve a casa de un amigo mío. Mientras la señora de limpieza nos atendía en la recepción llegó mi amigo, él y yo caminamos hacia su estudio, le pedí el carro y las llaves de su cabaña en Cuernavaca, le explique el fin de ese préstamo y me dijo – ok wey, solo recuerda que sin globito no hay fiesta –
Salimos de su casa y fuimos directamente a la cabaña. Las estrellas brillaban como no se ve nunca dentro de la ciudad, no había luna aunque no mucho antes iluminaba nuestra noche, quizás se escondió para salvaguardar nuestra intimidad, quién sabe? Con ella nunca se sabe.
Llegamos a la cabaña, hacía calor, pero la estancia era fresca y corría un ligero viento refrescante. La mire y su cara pareció resplandecer en la noche, me deje caer en el abismo de su mirada, lleno de promesas y fantasías mientras su sonrisa entre pícara y traviesa me invitaba a besarla. Lo hice, con ansia, con locura, saboree cada milímetro de sus labios; mi lengua rompió la dulce barrera de estos y entablo la mas tierna de las batallas con la suya. El combate fue largo y encarnizado, pero a diferencia de otros tipos de combate aquí solo hubo vencedores. Respire a través de ella y ella de mi. Nuestro aire, nuestro aliento fue común, uno solo para ambos, con nuestros labios fundidos a fuego.
Mis manos recorrían su espalda, acariciando, reconociendo. Sentí las suyas recorrerme y pequeños escalofríos acompañaron su viaje. La desnude con urgencia, con una necesidad que nacía en lo mas profundo de mi; su cuerpo vibrante y terso estallo ante mis ojos. Bese su cuello, su pecho... mis labios atraparon uno de sus pezones y mi lengua jugueteo con él, lo sentí crecer y endurecerse mientras mis torpes manos aun luchaban con mi enrevesado cinturón. Mi camisa yacía en el suelo, hace ya tiempo olvidada, sentía sus manos jugando con el vello de mi pecho. Mis labios impedían que su prisionero escapara, mientras mi lengua no cesaba en sus caricias, saboreando, reconociendo cada una de sus suaves rugosidades, tuve la urgente necesidad de morder, de devorar, de llevármelo conmigo pero resistí a cambio de aumentar la presión de mis labios.
Por fin libre, casi note una descarga eléctrica cuando mi sexo rozo la suavidad de sus muslos. Pase de un pecho a otro, acariciando, besando, mordisqueando, succionando y sus gemiditos me llevaban casi a la locura.
Mis dedos exploraban con avidez sus rincones mas secretos, su fuente de vida; en mi afán de placer perdí todo pudor, embriagado de texturas y sensaciones, de secretos sabores y aromas, bese sus labios mas íntimos... mi lengua exploro indecorosa muy dentro de ella. Notaba su cuerpo arquearse, pegarse aún más a mis labios y saboree, durante instantes que me parecieron eternos, el momento, en una orquesta de olas y suspiros.
Despacio, fui ascendiendo, dibujando con mi lengua caminos a la gloria por su piel; la bese de nuevo y así, con nuestras lenguas acariciándose dulcemente la penetre, muy despacio, notando, sintiendo cada una de las mil sensaciones que ascendían desde los dedos de mis pies y estallaban en mi cabeza. Me movía muy despacio, al principio, pero no pude resistir demasiado, estaba demasiado excitado y mi ritmo se fue incrementando hasta alcanzar una cadencia casi frenética.
En nuestra pasión rodamos por el suelo y ella quedo sobre mi, cabalgándome, como domando un potro salvaje que solo pretendía elevarla al cielo. Desde el suelo, sintiendo la tierra del suelo clavarse en mi espalda, acaricie sus pechos, sus nalgas, mientras mis ojos cerrados se negaban a ver el placer en su rostro en un vano intento de alargar el momento. Los abrí, y la magnificencia de la noche estrellada inundó mis retinas, vi el placer inundándola, sentí sus primeros espasmos y no pude resistir mas, con un ultimo y postrer empujón me vacíe dentro de ella, en oleadas de vida, de gloria, mientras la abrazaba muy fuerte contra mi y todo mi cuerpo se contraía en un espasmo de placer tan absoluto, tan bestial, que quede desmadejado, como un muñeco roto sobre la fresca tierra húmeda, con mi último aliento, busque sus labios y la bese, mientras sentía sobre mi el peso de su cuerpo tan roto como el mío.
No se si pasaron solo unos segundos o fueron siglos, pero permanecimos así hasta que ella se incorporo y sin decir palabra tomó una de mis manos, levantándome me guío hasta la piscina, la seguí casi como un zombi, apoyado en mis aun temblorosas piernas. El agua estaba fresca: fue revitalizadora. Fue casi como nadar en el cosmos, en el infinito de la vida. Jugamos, reímos, nos perseguimos y gozamos el momento sabiendo en alguna parte de nosotros mismos que seria único. La atrape, la bese, y mientras acariciaba su húmeda piel lo hice, desgraciadamente desperté de un hermoso, placentero pero despiadado sueño.
Jonathan Figueroa